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Una historia de dinero, un asunto de confianza
Acerca de la obra de Ral Veroni

por Joris Escher

En 1995, cuando me encontraba en Buenos Aires realizando mis investigaciones sobre arte contemporáneo argentino, Ral Veroni era uno de los artistas que deseaba conocer. Varios curadores, críticos y otros creadores me habían hablado de su trabajo. Sin embargo, el artista en sí no parecía muy ansioso por conocerme. Estaba ocupado, trabajando en Colonia del Sacramento, Uruguay, en el lado opuesto del Río de la Plata. Me daba la impresión que no quería ser molestado. Luego de unos cuantos mensajes en una serie de contestadores telefónicos conseguí finalmente concertar una cita. Lo había intentado por casi tres semanas. Un amigo de Veroni, el artista de comics Elenio Pico, lo había convencido de que valía la pena conocerme.

El atelier de Veroni se encontraba en el piso más alto de un viejo edificio de Caballito, un barrio tranquilo en el centro geográfico de la capital de Argentina. Cuando llegué al último tramo de la escalera pude oler la tóxica y atrayente fragancia de las tintas de serigrafía. Al entrar vi a través de una puerta entornada unas enormes y crudas pinturas reclinadas contra la pared. Veroni me esperaba en el umbral de otra habitación próxima a su estudio. Era un cuarto pequeño, había una cama, un modesto escritorio y un estante con un selecto número de libros de poesía.

Raúl (el nombre real del artista) me observaba con un sesgo desconfiado. Me ofreció un vaso de agua y escuchó en silencio mi relato, sin interrumpirme una sola vez. Por mi parte tenía que convencerlo de que no venía a aprovecharme de los artistas argentinos, de que no era una de esas figuras fugaces que uno encuentra con frecuencia en los ambientes del arte latinoamericano. La descripción de mis intenciones con respecto a Canvas International Art, la galería que mi socio y yo planeabamos abrir en Amsterdam, y el tono ideológico que había elegido parecían haberle caído bien y sin embargo, a juzgar por su cautela, no había logrado aun disipar sus sospechas.

Veroni esperó a que expresara mis opiniones acerca del arte argentino, sobre aquellos artistas que me gustaban y aquellos que no. Recién ahí es cuando comencé a hacerme a la idea de que estaba superando el examen: el artista se incorporó y me mostró el camino a su atelier.

El atelier estaba dividido en dos secciones: un lugar para serigrafía y otro para pintura. Una alargada pintura de color amarillo flúo llamó mi atención. Tenía más de dos metros y medio de alto y retrataba a un hombre flaco y alto, pintado, o mejor dicho, dibujado, en negro. La figura me retrotrajo a los dibujos de Giacometti, esos que me habían fascinado desde la primera vez que los vi. Otra de las pinturas llevaba el azul verdoso de un cielo a lo Kiefer y el rojo incandescente de una fábrica sobre la que flotaba una cabeza y un hueso. Más tarde supe que esta cabeza representaba al Destino, una de las figuras arquetípicas de Veroni que reaparecerá con frecuencia en su obra.  En ese primer momento de observación solo sentí el peso de una imagen fuerte desde la cual podía percibir un significado, pero no pude siquiera comenzar a distinguir las capas de sentido que se encontraban detrás. Posteriormente Ral me explicó que él solo podía aplicar colores fluorescentes con tintas de serigrafía. La tinta, cristalizada y endurecida, yacía una sobre otra en láminas agrietadas que proveian al cuadro de un carácter duro y nostálgico.

De la pintura pasamos a su estudio de serigrafía y a la planera desde la cual Veroni estrajo un grabado detrás de otro. Se trataba de monotipos pintados -e impresos- directamente desde la pantalla de serigrafía al papel. En el proceso de producción Veroni hacia que el remanente de pintura de un monotipo anterior fundiera su huella sobre el grabado siguiente. Esto provocaba un abigarrado juego de capas. Por debajo de la superficie de la última impresión se podían ver los restos de imágenes anteriores, como sombras, como recuerdos evasivos sobre los cuales uno apenas podía concentrarse. Estas serigrafias -me dije a mi mismo- respiraban la atmósfera de alucinaciones.

La obra era buena, obviamente. Estaba seducido por la línea del dibujo y la sustancia opresiva de sus trabajos. En aquella primera reunión no pude profundizar demasiado dentro de ese imaginario pero estaba seguro que quería exponer su obra en Holanda. Le pregunté al artista si podía volver al día siguiente para tomar algunas fotos de sus cuadros. Me dijo que estaba bien y que mientras tanto el tomaría una decisión sobre sumarse o no al proyecto de Canvas.

Cuando regresé a la mañana siguiente tenía a una persona diferente delante de mi. El artista firme e introvertido se había vuelto un hombre sereno y amigable el cual habia decidido brindarme su confianza (y felizmente, desde entonces, nuestra relación se ha mantenido así).

Aquel segundo día, cuando terminé de documentar su trabajo, Ral me dió dos serigrafías en consignación que me ayudarían a establecer mi galería en Amsterdam. “Pero no se las vendas a cualquiera” -me advirtió- “Tiene que ser alguien que aprecie el trabajo”. “No te preocupes” - le dije- “tu trabajo no se va a vender como si fuesen hot dogs”. ¿Que podía saber yo en ese entonces? ¡En toda mi vida no habia vendido una sola pintura! Ambos eramos jovenes e ingenuos. Ral debería haber tenido un experimentado galerista con la vista puesta en la ganancia en lugar del aspirante bienintencionado que por entonces yo era. Aunque de haber sido así mis motivos ideológicos habrían despertado en él más sospechas que confianza.

Once años más tarde estoy sentado con Ral en una terraza en el centro de Barcelona. En el interín hemos vendido con Canvas algunas de sus obras pero no demasiadas. Realizamos tres exposiciones que incluían su trabajo pero para los libros de artista que Ral ha creado no hemos podido conseguir hasta ahora un solo comprador en el mercado holandés.

En Barcelona Ral tiene una exposición de sus proyectos de los últimos años. En la sala de exposiciones de la librería La Central sus libros se exhiben de manera espléndida. Los guantes blancos de algodón están ubicados al lado de cada obra para aquellos que desean observarlos de cerca.

En pocas semanas Ral volverá a Buenos Aires y antes de su partida quiero hablar con él. Por años ha vivido en Europa, y por ponerlo de algun modo, casi a la vuelta de la esquina. Ahora me doy cuenta que ante la inminente distancia que tendremos, hay muchas cosas que me gustaría preguntarle.

El padre de Raúl se llamaba Raoul Veroni y también era artista. Ambos nombres, castellanizado el sonido del francés, se pronuncian del mismo modo. El hijo no quería los posfijos (h) o “II” que continúan al nombre para diferenciar la progenie de modo que cambió su firma por Ralveroni, este devino en Ral Veroni una vez en Norteamérica y así permanece hasta hoy. La pluralidad de los nombres y el cambio pareciera coincidir con la versatilidad del artista. La madre de Ral estudió pintura por muchos años. Fue ella quien enseño y ayudo al joven Raúl con dibujo técnico, teoría del color, técnicas de grabado y otras tantas materias: “La imagen y el dibujo, siempre fueron una presencia constante en nuestra casa. No puedo recordar una época en la que no haya dibujado”.

Ral ganó uno de los más prestigiosos premios de grabado de la Argentina poco antes de que yo lo conociera. El premio del Salón Manuel Belgrano de la Ciudad de Buenos Aires. El dinero del premio le permitió practicar su arte con autonomía, alejado del mercado y de los escenarios de la cultura local. Esto parecia venirle bien ya que Ral no quería conectarse demasiado con el establishment de aquellos tiempos. Los museos y las galerias estaban en manos de gente con la cual él no se identificaba. De modo que los proyectos del joven artista Ralveroni no eran pensados ni dirigidos a la clase de público que frecuentaba tales espacios. A mi me agradaba esa actitud empecinada e independiente. Es más, la totalidad de la escena underground de Buenos Aires compuesta de gente de teatro, dibujantes de comics y músicos de rock me impresionaba por su libertad y energía. Ral no formaba parte directamente de estos círculos aunque involuntariamente se encontrara dentro de estos como una isla de austeridad en medio de un mar agitado.

En 1994 Ral comenzó a imprimir una serie de diseños personales sobre billetes fuera de circulación. Tengo que admitir que cuando vi el trabajo por primera vez me sentí algo estupefacto. No tanto por el figurativismo áspero de sus representaciones como por el simple hecho de que el artista utilizase estas históricas letras de cambio como soporte para su obra. Me reencontré, por ejemplo, con un billete alemán de un millón de Marcos de la década del 20 que mi padre una vez me había enseñado. Estas eran piezas de museo para mi, testimonios de un pasado oscuro.

La relación del hombre moderno con el dinero es algo que siempre ha provocado en Ral perplejidad.  Desde su más temprana juventud el artista no experimentó otra cosa que (hiper) inflación. En pocos años vio pasar denominaciones tales como el Peso Moneda Nacional, el Peso Ley, el Peso Argentino, el Austral, el nuevo Peso convertible a dolar, etc. De niño Ral soñaba con viajar por el tiempo y llevar consigo el poco dinero que tenía y asi poder comprar al precio del pasado discografías completas de los Stones o Pink Floyd. El dinero es un misterio y el joven artista descubre que todos los términos relacionados con este provienen de un lenguaje más rico y complejo de relación entre el hombre y lo divino. Encuentra que gratis proviene de gracia, crédito de creer, de confiar, pero acreedor es aquel que descree. Moneda, por otra parte, deriva de Moneta, el templo dedicado a Jupiter en donde el dinero era acuñado. El sentido sagrado se ha perdido pero a pesar de que todos somos conducidos por el dinero este permanece incomprensible. Solo se reabre su relación con la providencia cuando alguien gana la lotería o cuando transportados por el deseo recurrimos al pensamiento mágico con la esperanza de ganar el gran premio.

Lucha por la vida revela una continuidad dentro de la tradición de la gráfica social. Cuando se le pregunta acerca de sus inspiradores el artista menciona a Holbein, Goya y al grabador mexicano Don José Guadelupe Posada como sus influencias importantes. A Ral siempre le atrajo más la cultura popular que la asi llamada “alta” cultura. La historieta de “Los 4 Fantásticos” ha sido más influyente en la evolución de sus dibujos que todos los modernistas juntos. Tapas de discos y dibujos animados han tenido más peso que la totalidad de las corrientes europeas y americanas. Con esta manera de ubicarse a si mismo tanto dentro como afuera de la historia del arte creo que Ral ha resuelto uno de los mayores y más frustrantes problemas que sufren los artistas argentinos con relacion al arte: si la obra de los artistas de esta parte del cono sur continúa punto por punto el modelo europeo esta se convierte en “demasiado europea” y por tal no muy auténtica con respecto al lugar donde fue creada.  Si, por otra parte, las producciones artísticas de este país de mayoría inmigrante introduce patrones de arte Latinoamericano, las imágenes se vuelven un cliché ”exótico”, “etnico” y ya no se toman muy enserio. Esta fue otra de las razones por las que quise trabajar con Ral, la actitud original e independiente que tomó para su obra como salida a esa problemática.

En 1996 Ral fue invitado a un año de residencia en el paraiso de las artes gráficas, el Tamarind Institute de Albuquerque, Estados Unidos. Es aquí donde la odisea comienza, la búsqueda de un ambiente donde el dinero y el Estado no fuesen elementos hostiles sino más bien reaseguros para la creación. Lejos de Argentina Ral logró dar más espacio a la poesía de su arte. Un delicado libro de artista llamado Vacuum fue el resultado: un portfolio negro de 37 x 45 cm con 17 grabados impresos en negro sobre papel japonés Inomache Nacre. Recibí el portfolio en Amsterdam y el contraste con sus anteriores trabajos me dejó impresionado. Las imágenes eran más sencillas y tiernas, la elección de materiales, más suntuosos. 

Los últimos grabados de Ral de gran formato que recibí en Holanda al igual que los monotipos de Buenos Aires, llegaron desde Albuquerque. Luego, el arte de Ral se volvió gradualmente más y más pequeño. Había optado con sus viajes por el género del libro de artista y las imágenes generadas por computadora como medio.

Estando aun en Albuquerque a Ral se le presentó un viaje de estudios a Bristol, Inglaterra. Durante su residencia publicó su siguiente libro de artista: Sophie. Nuevamente una caja portfolio y en su interior una gran cantidad de impresiones sobre hojas traslúcidas. En Sophie los estratos de imágenes se complementan unos tras otros a través de transparencias. Ral logra una compleja combinacion de formas, similar en cierta medida a los monotipos de Buenos Aires, aunque el resultado es esta vez mucho más dinámico.

Ral se trasladó a Glasgow, Escocia, en 1998. El formato de sus obras se volvió más pequeño y en parte más virtual, sin duda por la falta de un estudio y la escacez de materiales. Las posibilidades gráficas de la computadora le ofrecían una salida a la vez que un desafío. Ral encara nuevamente la elaboración de un panteón de figuras emblemáticas. Sus personajes simbólicos han estado temporariamente ausentes en Albuquerque y Bristol pero reaparecen en Glasgow portando cada uno sobre sí, y en relación con los demás, una carga de significantes más compleja y completa. Destino, Miedo, Tiempo, Absurdo y el Hueso (la muerte) estaban ya presentes en su obra pictórica pero entidades nuevas tales como Olvido, Belleza, Locura, Existencia, Sueño y Realidad reciben ahora su representación en una imagen de computadora. Ral las ubica en el paisaje urbano de las dos ciudades que el conoce mejor: Buenos Aires y Glasgow. Realiza así dos libros de artista en formatos gemelos dedicados a cada ciudad.

Desde mi ciudad natal de Amsterdan observo los libros de estas dos urbes y descifro por cada uno los sustratos de sentido e historia que trasmiten en el espacio público de su arquitectura. En una ciudad como Buenos Aires, la cual conozco poco, solo puedo percibir en ella el peso del pasado y el inconsciente colectivo de los millones de seres que viven y han vivido. Ral introduce sus  “daimones” en el paisaje y le otorga una representación a la totalidad de sentidos que la metrópolis moderna contiene y a su vez devela la potencia poética que la ciudad posee.

Acerca de la malas relaciones entre el Tiempo y el Destino” es el título de una de estas imágenes digitales. Los dos gigantes se enfrentan en lo alto de dos edificios. El Destino consigue una victoria y arroja al Tiempo al vacio . “... Ambas divinidades poco seguras de sí” escribe Ral en el prefacio de su libro. “Cuando con buena voluntad intentan hacer un bien / empeoran las cosas / Cuando llenas de ira se ensañan en nosotros / a veces / las mejoran.” Y en versos libres continúa:

“Ante tal dilución hemos erigido,
como pequeños demonios,
un templo a nuestro propio despropósito
al que descuidamos en el fárrago,
con igual indiferencia”
(extracto del poema “Armonía”)

El libro sobre Glasgow es más sublime y austero. En medio de las reproducciones estuve encantado de encontrar nuevas páginas con las poesías de Ral. Las breves líneas de los versos expresan su esperanza de que Amor y Belleza van al final a apaciguar a los impredecibles daimones.
Su siguiente trabajo, La princesa, esta inspirado asi en el amor. Aun hay imágenes de ciudades ejerciendo su influencia pero los poemas en clave lírica son mayoría. El libro esta encuadernado y es aun más pequeño que sus anteriores trabajos (7 x 10 cm). Los textos de Ral introducen al lector a las profundidades de su mundo interior. Un mundo terrible en donde los daimones permanecen en lucha constante y en donde todo puede ser, en su claro-oscuro, igual de absurdo.

Mala Pata y Buenaventura conducen el mismo auto,
un clásico Hackney negro.
Un taxi.
Con un volante a la derecha
y otro a la izquierda
manejan a la vez.
Si Buenaventura se duerme Mala Pata continúa
y luego es otra vez Buenaventura
si Mala Pata se desvanece de cansancio.
En el asiento de atrás van
almita, cuerpito y mente sin nunca ponerse de acuerdo
sobre adonde quieren ir.

Mala Pata cobra los viajes una enormidad.               

(del libro “La princesa”)

Luego de leer esta pequeña edición pensé que Ral había llegado al punto de la inmaterialidad. ¿Qué podría venir después? Seguí durante años su desarrollo, de pinturas gigantes a monocopias en papel, de grandes ediciones de libros de artista a pequeños libros de textos terminando con una octavilla de poesias que incidentalmente incluía algunas imágenes. El artista mismo afirma que la poesía es la fuente de todo su trabajo, en cambio, sus métodos y medios dependen de las circunstancias: con dinero y un lugar para trabajar la pintura y la serigrafía son los géneros favorecidos. Sin capital o espacio solo subsiste el poema y el dibujo.

Sin embargo Ral no podrá escapar del dinero para continuar con su obra (y su subsistencia). Repetidas veces el artista se presentó a las instituciones culturales escocesas para conseguir fondos para sus proyectos con el resultado de ser rechazado igual cantidad de veces. En la Europa del Norte (con su predilección por las corrientes más austeras de arte conceptual y la desconfianza actual de los cenáculos artísticos hacia las representaciones figurativas) Ral dejó de ser el artista ganador de premios. Aparentemente ya no era visto como un creador interesante como para un programa de residencias. Con la paulatina caida curricular del grabado y la redistribucion de presupuestos académicos hacia otros departamentos más competitivos y en boga también dejó de ser el profesor visitante que enriquecía a los estudiantes de arte con sus conocimientos y experiencia. Se convirtió --dentro de la connotación actual y europea del término- en un inmigrante. Se acercaba además a sus cuarenta años, su madurez lo dejaba afuera del canon de las “jovenes promesas” y de los “nuevos” y potenciales representantes del arte. Sobre todo esto sus trabajos no encajaban en el requerido neo-conceptualismo del ambiente, no se insinuaban tampoco lo suficiente para el gusto de los curadores nacionales e internacionales. Los dos caminos posibles para un artista estaban cerrados, la institución cultural y la comercial, es decir el museo y galería, lo conducian a un callejon sin salida.

La reacción de Veroni a esta nueva falta de medios fue The Lottery Project. Una serie de mini grabados que componían un plan de supervivencia. Las imágenes impresas utilizaban como soporte billetes de lotería comprados y no premiados. El artista vendía así sus intervenciones a un precio simbólico, lo suficiente para comprar un nuevo billete que imprimirá a su vez si este no resulta ganador en el sorteo de la fecha. “A través de este intercambio de arte por esperanza el artista espera ganar algun día a la lotería y así poder dedicarse a proyectos más ambiciosos como hacer obras más grandes y mejores o tener una familia”, detalla Ral Veroni en el prefacio a su proyecto.

En el libro de artista que reune la serie de The Lottery Project Ral escribe casi a modo de diario personal:

“Aquí estoy con mi orgullo enterito, enterito, como si fuera rico…pero sin un mango. La exposición de Buenos Aires no me dejó más que deudas a pagar en Glasgow donde estoy rodeado por los témpanos del neoconceptualismo. Mi nave del arte amenaza con chocar y en el bote salvavidas ya veo que no hay mucho lugar para mi obra. Por alguna razón, ya sea por mis años o por los tiempos que corren, siento que debo abandonar el Titanic de mis ambiciones por algo más pequeño y liviano.

¿A qué se debe esta sucesión de rechazos y derrotas? ¿Tengo que sacar de todo esto la conclusión de que no soy un buen artista?[...] Podría atribuir mi situación actual a una mala racha y entonces esperar que una suerte mejor se presente. Después de todo la vida del artista es en muchos casos planear y esperar. Aunque ya no creo que pueda reducir la situación a una cuestión de deseo y paciencia. En el panorama general se han operado algunos cambios.
[...]
Soy un hombre competitivo, si juego al ajedrez juego para ganar, incluso si juego al ludo juego para ganar. Pero en arte, mal que me pese, no quiero competir basicamente porque no me gustan las reglas del juego. [...] Sin embargo mi vocación, como tantas otras profesiones, ha probado ser insuficiente para asegurarme la supervivencia. De un día para otro comencé a confiar más en la buena fortuna que en cualquier valor que mi trabajo pudiera encerrar para poder salir de este callejón.

La resignación lúcida del texto me provocó un nudo en la garganta. Habiendo trabajado por tantos años junto a Ral una de las pocas cosas de las que estaba seguro era de su vocación y voluntad de crear. Luego de leer estas reflexiones tuve miedo por algún tiempo de que el artista no iba a hacer una obra más en su vida. Por fortuna su naturaleza probó ser mas fuerte que sus palabras. Aun asi algo tenía que cambiar. Ral se mudó a Valencia, España, para probar una vez más su suerte no solo como artista sino como profesor de artes. En el marco de estas circunstancias Ral excavó aun más profundo en el universo de sus daimones. El resultado fue la serie El Absurdo y otras entidades que rigen el mundo. En su proyecto Ral utiliza nuevamente el dinero como soporte aunque en esta ocasión ya no trabaja sobre los desechos dejados por la inflación sino que recurre a los Euros de hoy. Ral dibuja a lápiz sobre los billetes. El dinero, temporariamente retenido para la realización de la obra, es escaneado a modo de llevar un registro y luego es regresado a la circulación por el artista mismo.

Desde su estadía en Europa Ral ha mostrado apenas su obra gráfica, sus dibujos en particular, pero en estos trabajos podemos apreciar como su línea ha evolucionado. Los dibujos se redujeron en tamaño y se volvieron más compactos con los años. El estilo se acomoda perfectamente a una serie que marca el retorno a las figuras arquetípicas de Ral, estas, aun más vitales, ganan en peso y caracter. Los dibujos revelan en su relato gráfico la intrincada relación entre las entidades. Se han convertido en poderes sicologicos que actuan sobre nuestra existencia. Poderes que, tal es la impresión que transmiten, se mueven fuera de la esfera de cualquier control humano. Están siempre presentes pero mas allá de toda comprensión. En las imágenes encontramos situaciones de conflicto, alianzas, accidentes.... a pesar de que los lineamientos de la secuencias no son evidentes a primera vista los trescientos o más diseños parecen reunir una historia. Conforman una especie de comic book poético, la versión secular de un libro de emblemas del siglo XVI aunque ahorrandose las lecciónes morales de aquellos. Con este nuevo pan-daimonium Ral ha realizado un dibujo diario sobre nuestra moneda por un año entero.

En una carta a un amigo Ral describe brevemente algunos detalles de su cosmogonía: La Nada dió nacimiento al Absurdo. A la vez el Absurdo se dividió en Destino y Tiempo como dos tributarios que no pueden separarse de su fuente aun cuando lo desean. El Absurdo tuvo también cuatro hijos con la Nada: Al pedín, el Tereso, el Olvido y el Hueso. Los cuatro quieren volver con su madre pero como esta no existe deben orbitar alrededor del Absurdo (como intentando entrar por donde salieron). Entre los gases de Al pedín y la médula del Hueso, entre la materia del Tereso y los caprichos del Destino, se formó la Llamita del carácter, la que se quema a sí misma. Esta, con su sola presencia, provocó la aparición del dolor y la injusticia. La Llamita, el más sensible entre todos los personajes tuvo que buscar a la flor (una proyección de su luz) para que le sirva de consuelo. En algunos dibujos aparecen los volcanes del No, una manifestación de la nada en la superficie del absurdo.

Prácticamente la mayoría de estos dibujos emblemáticos lleva un título críptico que evoca una cadena de asociaciones. En la obra “Tiempo y Destino se preguntan que hacer” las dos entidades se hallan observando a un diminuto ser humano durmiente. Parecen sorprendidos y miran a la pequeña criatura ponderando alguna acción posible. Desde el fondo de la escena encontramos un signo de interrogación, el símbolo de Absurdo.

Mientra escribo este artículo Ral ha dejado Europa tras de sí. Regresa a la tierra y al río de plata. Su querido y viejo Nuevo Mundo ya no es lo que era, particularmente luego de los cambios provocados por el desastre económico de 2001. Desde este lado del océano sé que el relato de Ral, mezcla de fortuna y fe, tendrá muchos otros capítulos. Casi puedo escuchar al Tiempo y al Destino preguntarse “que deberíamos hacer con él”.

Joris Escher
Amsterdam, Marzo de 2007

 

 
 
 

 


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